De maldición a poder, de oscuridad a luz

Imagina que tienes 13 años, te levantas una mañana y percibes una sensación extraña, vas al baño, en tus braguitas hay sangre, ¡tu primera regla!, vas corriendo a avisar a tu madre, tu madre un poco desconcertada no sabe muy bien qué decir al principio, luego comienza a hablar torpemente de chicos, de engorro, de maldiciones femeninas… Entiendes que es una parte realmente poco agradable de tu feminidad, que tu cuerpo tiene motivos oscuros para hacerte aquello cada mes, que sería mejor ser hombre. La relación con tu sangrado menstrual no será nada buena y posiblemente haya dolor, lo que te hará sentir un mayor rechazo.

Ahora imagina que tienes 13 años, te levantas una mañana y percibes una sensación extraña, vas al baño, en tus braguitas hay sangre, ¡tu primera regla!, vas corriendo a avisar a tu madre, tu madre sonríe serena, te da la enhorabuena y te cuenta que tu cuerpo maravilloso es fértil, es capaz de gestar y parir una criatura (aunque sea pronto para ello), tu sangrado es ese envoltorio protector que tu útero crea para acoger a un nuevo ser, y se desprende cuando no ha existido ese ser al que acoger para dar lugar a un nuevo ciclo. Un proceso maravilloso en el que tu cuerpo, tu útero, tiene el poder de gestar y alumbrar, un proceso en el que tu cuerpo cíclico es capaz resurgir cada mes de la hibernación y volver a empezar. Un proceso en el que la energía va cambiando desde tu parte más intuitiva a la más enérgica. Hacéis una fiesta para celebrar la bendición de ser y sentirte mujer.

Viví personalmente el primer relato y quiero vivir el segundo con mi hija, ha sido y sigue siendo un aprendizaje sobre como amar mi cuerpo. Para enseñar a nuestxs hijxs a amar su cuerpo, primero tenemos que amar el nuestro.

Gracias.

 

Leticia del Olmo
Leticia del Olmo

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